El ejercicio ético del derecho
El abogado se enfrenta en cada caso a un reto, y es el de ganar a toda costa o lograr lo justo, el problema es que no siempre las dos cosas se pueden alcanzar al mismo tiempo.
La mayoría de la gente piensa que el abogado más exitoso es el que más gana sus casos, e incluso la mayoría de los abogados piensa lo mismo.
El abogado exitoso está concebido como el que logra ganar todas las discusiones, el que se sale con la suya o el que logra hacer evadir a su cliente de la justicia. Es decir, llevamos el rótulo del abogado tramposo, aquel dispuesto a esconder pruebas o fabricarlas para ganar los casos.
Pero hay otras clases de abogados, aquellos rígidos con el cumplimiento de la ley y del deber, que dicen no ante la sugerencia de un hecho ilegal, que buscan ser justos en su actuar y en sus decisiones, aplican justicia incluso en contra de sus intereses y hasta por encima de su familia.
También hay abogados prácticos que le buscan a todo una solución, más que una sentencia. Son flexibles y se adaptan a las circunstancias y aprovechan los recursos disponibles para lograr lo mejor que puedan.
El abogado tiene que lidiar con lo bueno y lo malo del mundo, su función es buscarle la mejor solución a los problemas que se le presentan a sus clientes, sabiendo de paso, que no todo lo justo está en la Ley, ni en la jurisprudencia, y muchas veces hay que ir más allá y luchar por ello.

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